Antes de empezar esta entrada, debo aclarar que Woody Allen me parece uno de los mejores contadores de historias del mundo. Por eso, cualquier opinión mía acerca del director va a estar sesgada por esa admiración visceral que me impide considerar incluso sus pedos malolientes como obras prescindibles.
Hecha la aclaración, “Vicky Cristina Barcelona” no me parece una de sus mejores pelis ni por su argumento, ni por su desarrollo, ni por sus chistes (en ésta hay muy poquitos). Es más, en esta peli ni siquiera actúa Woody Allen; con lo que a mí me gusta…
A pesar de todo, “Vicky Cristina Barcelona” me parece una película deliciosa que DEBE VERSE EN VERSIÓN ORIGINAL: las conversaciones entre Penélope y Bardem a mitad camino entre el ingés y el español son lo mejor de la película. De hecho, el momento en que aparece por primera vez en escena Penélope Cruz (un personaje muy Almodovariano, por cierto) es espectacular y divertidísimo.
El trabajo de los actores, como en todas las películas de Woody Allen, es francamente bueno. Vayamos por partes…
- Scarlett Johansson, además de tener un polvazo de escándalo, me encanta como actriz. Y tiene una voz suavemente increíble: ventajas de la versión original… Seguro que hay gente que la detesta, pero joder, se come toda la pantalla.
- No conocia a Rebecca Hall, aunque leyendo por la Wikipedia he visto que también actuaba en “El prestigio” (un rollo de película de Christopher Nolan). Su personaje, como el de Scarlett Johansson, es muy tierno aunque algo menos apasionado. Me gusta como lo hace, sí señor.
- Penélope Cruz debe estar eternamente agradecida a Woody Allen por regalarle el mejor papel de la película. Interpretra a una artista pirada, torturada por sus pasiones y totalmente desequilibrada. Penélope se ha hecho mayor y ya no actúa berreando los diálogos. No sé… antes me gustaba precisamente por eso… ahora me encanta por lo contrario. El problema es mío, lo sé.
- Javier Bardem. Tal vez el que menos me ha gustado de todos los actores. Parece poco creíble cuando habla en inglés, pero luego se dispara su genialidad cuando lo hace en español. Alguna sonrisita no le hubiera venido mal; más que nada para redondear su papel de exótico seductor.
En definitiva, a los incondicionales de Woody Allen la película les encantará del mismo modo que a los turoperadores con intereses en Barcelona y Oviedo o a los voyeaurs empedernidos como yo. Nunca una película de Woody Allen me ha dejado insatisfecho, y ésta no iba a ser menos.
Gracías Woody.
PD: La cancioncilla-leit motive “Barcelonaaaa…” me saca de quicio… pero queda compensado con el carnoso cartel de la película.
Buscando información por internet para escribir este post, no he hecho más que leer críticas y reseñas negativas de la película. Todas son del tipo “sí, PEROOOOO no…”. No puedo estar más en desacuerdo.
Puedo coincidir en que el papel ñoño de Nicole Kidman (sobre todo su maldita voz en off), o el sobreinterpretado personaje (tal vez sólo sea el doblaje al español) de Renée Zellweger no están a la altura de otros aspectos de la peli. Pero de ahí a afirmar que se trata de un película fallida… La he visto varias veces, y todas ellas me he quedado prendado de la historia.
Se trata de una road movie teñida necesariamente de una historia de amor. Digo necesariamente porque odio cuando la “historia de amor” se impone en el argumento para tener más espectadoras, como por ejemplo ocurre en “Enemigo a las puertas”; pero en este caso la “historia de amor” vertebra toda la película y, por ello, es imprescindible. De todas maneras, hay que reconocer que la historia de amor está cogida con pinzas, no está excesivamente bien hilvanada y tal vez le falte algo de profundidad e intensidad.
Como decía, se trata de una road movie en toda regla; en el largo camino a casa de un Jude Law excesivamente pétreo pero sin duda en estado de gracia (maldita expresión), aparecen numerosos personajes tan fascinantes como el paisaje de esa maravillosa América sureña de la guerra de secesión: el reverendo pecador, el trampero y sus mujeres libidinosas, la ermitaña del bosque, la viudita desesperada…
Sin duda una gran (y larga, muy larga) película con una banda sonora espectacular (Jack White, el cantante de The White Stripes, aprovecha su breve papel de músico para interpretar una Wayfaring Stranger que te hiela la razón) y salpicada de unas interpretaciones (algunas más, algunas menos) extraordinarias.
Cruda, violenta, áspera, cruel. A pesar de ser innecesariamente larga, se trata de una extraordinaria película que en su día fue censurada en muchos países por su evidente falta de objetividad por cuanto muestra a los soldados norteamericanos como a las auténticas víctimas de la guerra de Vietnam: el contacto con el salvaje vietcong convierte a los protagonistas en atormentados seres desequilibrados. Personalmente no creo que esa fuera la verdadera intención de los responsables del film, más bien mostrar el horror de la guerra y el valor de la amistad a través de la alienada e ignorante clase trabajadora americana.
“El cazador” pertenece a esa clase de cine marmoreo, gris y reflexivo de los ‘70 que poco tiene que ver con las superproducciones posteriores. Sin embargo, como si de otra película se tratara, cuando las escenas lo requieren el film es extraordinariamente rápido y dinámico. La habilidad de Michael Cimino para crear claroscuros es asombrosa.
La peli contiene escenas inolvidables (la interminable boda, la sudorosa ruleta rusa, la prostituta vietnamita y su hijo, De Niro reflejado en el lago…) e interpretaciones verdaderamente antológicas: Cristopher Walken está simplemente perfecto, Meryl Streep maravillosa, John Cazale magnífico (a pesar del cáncer que se lo llevaría por delante tras acabar la película). Y Robert De Niro… menuda bestia. Qué cabrón.
Michael Cimino
Me gustaría hablar un pelín de Michael Cimino. Por si alguien no lo sabe todavía, antes de dirigir “El cazador”, Cimino se había hecho cargo de “Un botín de 500.000 dólares”, protagonizada por Clint Eastwood. Con estas dos películas a sus espaldas (que supusieron un inmenso éxito comercial y de crítica), la poderosa productora United Artists le dio un cheque en blanco para rodar su siguiente película: “La puerta del cielo”; un western infumable de más de 5 horas de duración que supuso la quiebra total y el colapso de United Artists. Toma ya.
El proscrito Cimino se tiró sin dirigir una buena temporadita y fue apartado del glamouroso mundo de Hollywood. Me encantan las historias de “auge y caída”…
A principios del siglo XXI la Tyrell Corporation desarrollo un nuevo tipo de robot llamado Nexus, un ser virtualmente idéntico al hombre y conocido como replicante.
Los replicantes Nexus-6 eran superiores en fuerza y agilidad y al menos iguales en inteligencia a los ingenieros de genética que los crearon.
En el espacio exterior los replicantes fueron usados como trabajadores esclavos en la arriesgada exploración y colonización de otros planetas. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de combate de Nexus-6 en una colonia sideral, los replicantes fueron declarados proscritos en la tierra bajo pena de muerte.
Brigadas de policía especiales con el nombre de unidades de Blade Runners, tenían ordenes de tirar a matar al ver a cualquier replicante invasor.
A esto no se le llamo ejecución, se le llamo retiro.
Así comienza una de las mejores películas de todos los tiempos y una de mis obsesiones más intensas. Por ese motivo en este post no voy a hacer una crítica de la película, sino que voy a vomitar algunos de mis pensamientos.
“Blade Runner” es la historia de una búsqueda; la historia de una inquietud humana. Existen unas constantes que se repiten en la mente de todos nosotros y esas constantes definen el pensamiento humano constituyendo sus iniciales premisas: quiénes somos, de dónde venimos, la muerte…
Roy Batty (interpretado por el escalofriante Rutger Hauer) a pesar de ser una robot tiene esas mismas inquietudes, le atormenta su efímera longevidad… por lo tanto, al margen de su concepción artificial, es humano porque siente, teme, ama y odia como un humano. Y qué es si no un hombre que lamenta que sus recuerdos mueran con él:
Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais… atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir.
Las distintas versiones de Blade Runner
Existen varias versiones de la película: algunas son más violentas que otras, se inclluyen finales alternativos, escenas distintas etc… pero la diferencia fundamental es que en unas versiones Deckard (Harrison Ford) es humano y en otras un replicante. Ridley Scott cuando rodó la película lo hizo desde la premisa que Deckard era un replicante más. Los productores le obligaron a cambiar algunas escenas de tal manera que Deckard fuera humano.
Acertaron.
Por raro que parezca, me atrae más esta segunda idea, pues el dilema moral que se le plantea a Deckard y, por extensión, al espectador, es más intenso. De este modo Deckard asume la naturaleza humana de los replicantes y los respeta por este motivo, elimina cualquier diferencia existente entre aquellos y los humanos. Deckard escapa con Rachel porque la siente como él: humana.
Si Deckard fuese un replicante más, nos encontraríamos ante una inicial simple traición de Deckard hacia los de su especie y su posterior redención; eliminaríamos de un plumazo la idea de que es humano el que siente como un humano. Por eso Roy en la escena final decide salvar a Deckard; porque ama tanto su vida, que ama incluso cualquier tipo de vida, la ajena… y en este sentido la película sólo es congruente si Roy salva a Deckard, un humano más (y no a un replicante). Pondré un ejemplo tonto para explicar mejor porque pienso que Deckard debe ser un humano: ¿os acordáis de “La lista de Schindler”? La peli de Steven Spielberg sólo tiene sentido si Schindler es un nazi. Si fuese un judío sus actos no tendrían la misma trascendencia.
También me parece interesante señalar la diferencia esencial entre el inspector Gaff (Edward James Olmos) y Roy. No hay duda de que Gaff (el otro Blade Runner) es humano, tan desgraciadamente humano que sólo decide no matar a Rachell porque sabe que Deckard huirá con ella, pudiendo Gaff optar al ascenso que merece Deckard. Y ya hemos comentado las razones por las que Roy salva a Deckard en la escena final. ¿Quién es, entonces, más humano? o dicho de otra manera ¿quién encarna mejor el ideal humano de respeto hacia el prójimo? Roy, sin duda.
Al margen del acierto que supone que Deckard sea humano, la versión de los procutores (la original) también tiene cagadas considerables. Por ejemplo, la voz en off. Al parecer en los pases de prueba los primeros espectadores no entendían nada y por eso incluyeron el recurso de la voz en off: explicaban los “incomprensibles” actos de Deckard y dulcificaban al personaje. Sin embargo, es impagable ver como Harrison Ford dispara por la espalda a una mujer desnuda que huye de él. La sensación hiper turbadora que te deja esa escena queda demasiado mitigada con la maldita voz en off.
Otro de los errores de la versión de los productores es, sin duda alguna, el happy end. Nunca me han gustado, sobre todo cuando están impostados.
El test Voigt-Kampff
El test Voigt-Kampff analiza las reacciones del ojo ante determinadas preguntas. Se decide a quien se debe “retirar” mediante un test de empatía que mide sus resultados a través de una respuesta esencial y fundamentalmente física (fluctuación de la pupila, dilatación involuntaria del iris…). El test Voigt-Kampff no es sino una máquina discriminatoria para legitimar la muerte.
De nuevo nos encontramos ante una vieja idea: los ojos son el espejo del alma. Este absurdo axioma, como tantos otros, se comportan como estigmas en el subconsciente colectivo.
Matar a Dios
La principal inquietud de Roy es detener la inexorable muerte programada de los replicantes. Para ello termina acudiendo ante Tyrell, su programador, su padre, su creador: Dios.
Roy, en una escena salvaje (sobre todo en la última versión) culmina el nihilismo de Nietzsche arrancándole los ojos a Tyrell, quién se confiesa incapaz de alargar la vida del superhombre que ha creado. Los ojos, en esta película, son mucho más de lo que parecen.
El legado de un oscuro futuro
Blade Runner es, si no la primera, una de las primeras películas donde se crea un futuro oscuro, permanentemente lluvioso y sucio, donde se entremezclan el lujo más extravagante y los barrios más sombríos. Enormes y espectaculares edificios con numerosos puntos de luz contrarrestran las deprimentes estructuras decadentes con tubos de neon. Vehículos que sobrevuelan bicicletas cochambrosas, multiculturalidad, mezcla de idiomas, religiones eminentemente asiáticas, sonidos extraños y evocadoras melodías siempre tristes… Imposible olvidar las intrigantes imágenes de los mensajes publicitarios en las grandes pantallas que hay por toda la ciudad. ¿Cuántas veces se han recreado estos ambientes desde entonces?.
Hay demasiadas escenas y secuencias maravillosas en la película y no puedo enlazar a videos de YouTube de todas ellas. He preferido dejaros un montaje con la música compuesta por Vangelis para la película. Otro pedazo de obra maestra, en este caso de la música electrónica y planeadora.
A mi padre siempre le han gustado las pelis de indios y vaqueros. Supongo que por eso yo las he aborrecido hasta hace no mucho tiempo. Maldito Edipo.
En fin, al grano… Este entretenidísimo thriller es un remake del western original de 1957 dirigido por Delmer Davies y que yo, como buen infraser que soy, no he visto, por lo que mi crítica necesariamente ha de ser algo descafeinada. En cualquier caso debo decir que ”El tren de las 3:10″ es de lo mejorcito que he visto últimamente en el cine.
Los personajes malvados y de conducta reprobable son de largo mis preferidos y en esta ocasión Rusell Crowe interpreta a un forajido (como mola esta palabra) con un mundo interior, no voy a decir apasionante, pero sí lleno de pasiones, que lo convierte en muy atractivo. Su actuación es mucho más que correcta y por ello, cuando salí del cine, lamenté profundamente no tener un caballo y un revólver. Eso sí, no me privé de desafiar con la mirada a todos los mindundis con los que me crucé. Doy gracias al buen cine por estos delirios de grandeza que me produce.
Por su parte, Christian Bale interpreta correctamente a un apacible y desgraciado ranchero que, si bien en un principio no conecta ni con su hijo ni con el espectador, al final del film deviene en el auténtico “chico de la película”. Este giro es probablemente lo que más me ha llamado la atención junto con el estupendo papel que desempeña un desconocido (para mí) Ben Foster: hay que ver lo cabronazo que puede llegar a ser este personaje (el segundo de abordo de la banda de forajidos) lleno de polvo y suciedad hasta en el alma.
No estoy capacitado para analizar con rigor la direción de una película, ni mucho menos la puesta en escena o la fotografía, pero he disfrutado como un enano y con eso me vale: los paisajes son cojonudos (aunque extrañamente no abundadan las grandes y míticas panorámicas propias del género); el ritmo narrativo es constante y preciso; las escenas de acción trepidantes (e imposibles, como mandan los cánones); los momentos de introspección pausados…
A pesar de rozar las 2 horas de duración esta ruda, auténtica y genuina peli de vaqueros no se hace en absoluto pesada y te deja con ganas de más, lo que sugiere que estamos ante un ejercicio cinematográfico muy destacado que, tras casi un año de retraso, por fin se estrena en España.