Siguiendo con mis estupideces varias, hoy quiero escribir acerca de uno de los inventos mas acojonantes y sumamente infrautilizados de la historia de la humanidad: los pañales. Un gran invento, por encima incluso de la rueda o la escritura.
Por algún extraño motivo que no acabo de desentrañar, después de haber vivido los primeros meses con pañales, en algún momento dado, a traición, a mala leche, tus progenitores te privan de tan preciada prenda. ¿Por qué, oh Dios cruel y vengativo, has hecho al hombre tan absurdamente racional?.
Ojalá los pañales fueran una prenda de uso habitual, como las camisetas, los vaqueros de campana o la vara de fustigar.
Ya me veo bailando como un poseso en la disco, sustituyendo mis pedos de alcohólico por auténticos y liberadores truños. Cagar en clase de Matemáticas mientras despejo una ecuación. O haciendo la declaración de la renta. Presentando un telediario, o en el debate sobre el Estado de la Nación: esa paradiña en medio de una brillante intervención por parte del Jefe de la Oposición, ese entornar de ojos… ”discúlpenme Sus Señorías, me acabo de ir de vientre”. Qué placer…
¿Acaso no sería maravilloso acudir a la sección de pañales para adultos de El Corte Inglés?. Pañales de todos los tipos, colores y marcas. Pañales Loewe, Armani, Prada… Pañales de usar y tirar de marcas blancas. Pañales especiales superabsorventes para esos días “blandurrios”. Pañales jeans para grunges, con sus cuadros de leñador. Pañales con imperdibles para punkis. Pañales de seda Hello Kitty para cagarlos agusto. ¿Como sería un iPañal? Pañales de etiqueta e informales. Para verano, invierno o entretiempo.
Joder, tanto hablar de mierda me ha dado ganas de ver las noticias.
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