A principios del siglo XXI la Tyrell Corporation desarrollo un nuevo tipo de robot llamado Nexus, un ser virtualmente idéntico al hombre y conocido como replicante.
Los replicantes Nexus-6 eran superiores en fuerza y agilidad y al menos iguales en inteligencia a los ingenieros de genética que los crearon.
En el espacio exterior los replicantes fueron usados como trabajadores esclavos en la arriesgada exploración y colonización de otros planetas. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de combate de Nexus-6 en una colonia sideral, los replicantes fueron declarados proscritos en la tierra bajo pena de muerte.
Brigadas de policía especiales con el nombre de unidades de Blade Runners, tenían ordenes de tirar a matar al ver a cualquier replicante invasor.
A esto no se le llamo ejecución, se le llamo retiro.
Así comienza una de las mejores películas de todos los tiempos y una de mis obsesiones más intensas. Por ese motivo en este post no voy a hacer una crítica de la película, sino que voy a vomitar algunos de mis pensamientos.
“Blade Runner” es la historia de una búsqueda; la historia de una inquietud humana. Existen unas constantes que se repiten en la mente de todos nosotros y esas constantes definen el pensamiento humano constituyendo sus iniciales premisas: quiénes somos, de dónde venimos, la muerte…
Roy Batty (interpretado por el escalofriante Rutger Hauer) a pesar de ser una robot tiene esas mismas inquietudes, le atormenta su efímera longevidad… por lo tanto, al margen de su concepción artificial, es humano porque siente, teme, ama y odia como un humano. Y qué es si no un hombre que lamenta que sus recuerdos mueran con él:
Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais… atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir.
Las distintas versiones de Blade Runner
Existen varias versiones de la película: algunas son más violentas que otras, se inclluyen finales alternativos, escenas distintas etc… pero la diferencia fundamental es que en unas versiones Deckard (Harrison Ford) es humano y en otras un replicante. Ridley Scott cuando rodó la película lo hizo desde la premisa que Deckard era un replicante más. Los productores le obligaron a cambiar algunas escenas de tal manera que Deckard fuera humano.
Acertaron.
Por raro que parezca, me atrae más esta segunda idea, pues el dilema moral que se le plantea a Deckard y, por extensión, al espectador, es más intenso. De este modo Deckard asume la naturaleza humana de los replicantes y los respeta por este motivo, elimina cualquier diferencia existente entre aquellos y los humanos. Deckard escapa con Rachel porque la siente como él: humana.
Si Deckard fuese un replicante más, nos encontraríamos ante una inicial simple traición de Deckard hacia los de su especie y su posterior redención; eliminaríamos de un plumazo la idea de que es humano el que siente como un humano. Por eso Roy en la escena final decide salvar a Deckard; porque ama tanto su vida, que ama incluso cualquier tipo de vida, la ajena… y en este sentido la película sólo es congruente si Roy salva a Deckard, un humano más (y no a un replicante). Pondré un ejemplo tonto para explicar mejor porque pienso que Deckard debe ser un humano: ¿os acordáis de “La lista de Schindler”? La peli de Steven Spielberg sólo tiene sentido si Schindler es un nazi. Si fuese un judío sus actos no tendrían la misma trascendencia.
También me parece interesante señalar la diferencia esencial entre el inspector Gaff (Edward James Olmos) y Roy. No hay duda de que Gaff (el otro Blade Runner) es humano, tan desgraciadamente humano que sólo decide no matar a Rachell porque sabe que Deckard huirá con ella, pudiendo Gaff optar al ascenso que merece Deckard. Y ya hemos comentado las razones por las que Roy salva a Deckard en la escena final. ¿Quién es, entonces, más humano? o dicho de otra manera ¿quién encarna mejor el ideal humano de respeto hacia el prójimo? Roy, sin duda.
Al margen del acierto que supone que Deckard sea humano, la versión de los procutores (la original) también tiene cagadas considerables. Por ejemplo, la voz en off. Al parecer en los pases de prueba los primeros espectadores no entendían nada y por eso incluyeron el recurso de la voz en off: explicaban los “incomprensibles” actos de Deckard y dulcificaban al personaje. Sin embargo, es impagable ver como Harrison Ford dispara por la espalda a una mujer desnuda que huye de él. La sensación hiper turbadora que te deja esa escena queda demasiado mitigada con la maldita voz en off.
Otro de los errores de la versión de los productores es, sin duda alguna, el happy end. Nunca me han gustado, sobre todo cuando están impostados.
El test Voigt-Kampff
El test Voigt-Kampff analiza las reacciones del ojo ante determinadas preguntas. Se decide a quien se debe “retirar” mediante un test de empatía que mide sus resultados a través de una respuesta esencial y fundamentalmente física (fluctuación de la pupila, dilatación involuntaria del iris…). El test Voigt-Kampff no es sino una máquina discriminatoria para legitimar la muerte.
De nuevo nos encontramos ante una vieja idea: los ojos son el espejo del alma. Este absurdo axioma, como tantos otros, se comportan como estigmas en el subconsciente colectivo.
Matar a Dios
La principal inquietud de Roy es detener la inexorable muerte programada de los replicantes. Para ello termina acudiendo ante Tyrell, su programador, su padre, su creador: Dios.
Roy, en una escena salvaje (sobre todo en la última versión) culmina el nihilismo de Nietzsche arrancándole los ojos a Tyrell, quién se confiesa incapaz de alargar la vida del superhombre que ha creado. Los ojos, en esta película, son mucho más de lo que parecen.
El legado de un oscuro futuro
Blade Runner es, si no la primera, una de las primeras películas donde se crea un futuro oscuro, permanentemente lluvioso y sucio, donde se entremezclan el lujo más extravagante y los barrios más sombríos. Enormes y espectaculares edificios con numerosos puntos de luz contrarrestran las deprimentes estructuras decadentes con tubos de neon. Vehículos que sobrevuelan bicicletas cochambrosas, multiculturalidad, mezcla de idiomas, religiones eminentemente asiáticas, sonidos extraños y evocadoras melodías siempre tristes… Imposible olvidar las intrigantes imágenes de los mensajes publicitarios en las grandes pantallas que hay por toda la ciudad. ¿Cuántas veces se han recreado estos ambientes desde entonces?.
Hay demasiadas escenas y secuencias maravillosas en la película y no puedo enlazar a videos de YouTube de todas ellas. He preferido dejaros un montaje con la música compuesta por Vangelis para la película. Otro pedazo de obra maestra, en este caso de la música electrónica y planeadora.



3 respuestas hasta el momento ↓
joan // 15 Septiembre, 2008 a 9:12 pm |
Ok. Me gusta la reflexión sobre Deckard como hombre o como replicante, y la comparación con Schindler.
Acabo de hacer un clip sobre Blade Runner, para dar publicidad a mi largo Pactar con el gato, que sólo tiene que ver con BR por el hecho de que coincidió en las carteleras, por lo del 25 aniversario. Si le das a “Pactar con el gato (28) Blade Runner” podrás verlo.
blancasombra // 16 Septiembre, 2008 a 10:48 am |
Muchas gracias Joan. En cuanto tenga tiempo me paso por http://www.pactarconelgato.com
Un abrazo
drdcr // 21 Septiembre, 2008 a 8:56 pm |
Una de mis películas favoritas, aunque a mí la voz en off no me molesta tanto. Y lo de Deckard replicante nunca me ha gustado tampoco, además cuando empecé a oir hablar de ella, sólo había visto la versión primera, y no entendía como alguien podía pensar que era replicante.
Saludos.